Capítulo 98.
SOPHIE
No fue un grito. No fue un portazo. No fue algo que pudiera señalar con el dedo y decir: aquí empezó todo. Fue… una ausencia que al principio ni siquiera supe nombrar. Un silencio demasiado largo. Un hueco en el aire. Un olor que debería estar ahí y ya no estaba. Max siempre olía a leche tibia y a algo que sólo yo conocía, una mezcla de piel nueva y promesa.
Recuerdo que me levanté de la cama del hospital con ese cuerpo lento, todavía torpe, que me dejó el parto. Las piernas pesaban como