Punto de vista de Sofía
No me tomó ni un segundo darme cuenta de lo que Adrián estaba insinuando. Sus ojos ardían de ira y apretaba la mandíbula, conteniéndose a duras penas.
—No es lo que piensas, Adrián —dije con firmeza, negándome a dejar que sus acusaciones me perturbaran—. Y de todos modos, esto no debería importarte.
Él dio un paso más cerca, su voz impregnada de veneno.
—No te atrevas a mentirme, Sofía. A la mierda estos papeles, te vienes conmigo. No puedo arriesgar mi reputación dejándote aquí mientras te ofreces como una puta a cualquier hombre.
Sentí que mi estómago se retorcía ante sus crueles palabras, pero me negué a mostrarle mi dolor. Enfrenté su mirada directamente, sin retroceder.
—Adrián, no hagas un escándalo aquí. No me estoy acostando con nadie. Incluso si lo estuviera, no tienes derecho a cuestionarme. Solo firma los malditos papeles y terminemos con esto.
Por un momento, no respondió. Solo me miró fijamente, sus ojos grises tormentosos con emociones no expresada