83. Amor sin rservas
La primera mañana de nuestra luna de miel comenzó con el sonido de las olas rompiendo suavemente contra la orilla y la luz del sol entrando por las ventanas del pequeño bungalow que habíamos alquilado en una isla privada. Estábamos lejos de todo, desconectados del mundo, y por primera vez en mucho tiempo, sentí que no había nada que temer, nada que nos retuviera. Era solo Chasse y yo, juntos, finalmente libres de las sombras del pasado.
Me giré en la cama y lo encontré mirándome, una sonrisa tr