56. Perdida
CHASSE
El silencio era lo primero que sentí al despertar. Un silencio ensordecedor que parecía envolverlo todo. Mi cuerpo estaba rígido, como si no hubiera movido un solo músculo en horas. La luz tenue del amanecer se filtraba entre las cortinas de la habitación, iluminando el espacio con un resplandor melancólico.
Giré lentamente en la cama, sintiendo cómo el dolor punzante en mi pecho regresaba como un viejo enemigo al que no podía esquivar. Al estirar el brazo, lo supe al instante: estaba so