51. Verdades Enterradas
Había algo en el aire esa mañana. Una sensación inquietante que no podía ignorar. Me desperté temprano, incapaz de conciliar el sueño, y pasé las primeras horas del día revisando papeles sin realmente prestarles atención. Algo dentro de mí me decía que ese día no sería como los demás.
Lucy me observaba desde la cocina, con una taza de café en la mano y una ceja arqueada.
—¿Vas a decirme qué pasa o prefieres que adivine? —preguntó. Sacudí la cabeza, tratando de sonreír.
—Solo estoy distraída, su