37. Un día a la vez
Las primeras luces de la mañana se colaron por las cortinas de la habitación, proyectando sombras tenues sobre las paredes. Abrí los ojos lentamente, sintiendo el calor del cuerpo de Chasse a mi lado. Sus brazos estaban envueltos alrededor de mi cintura, su respiración profunda y rítmica me indicaba que seguía dormido. Por un instante, me permití disfrutar de la tranquilidad del momento, algo que, después de todo lo que habíamos vivido, sentía como un lujo.
Estábamos en un punto de nuestra rela