17. Entre Lineas
Después de la reunión y la conversación en el jardín, mi cabeza no había parado de dar vueltas. Cada palabra de Chasse resonaba como un eco persistente, recordándome lo complicado que se estaba volviendo esto. Si bien me había dicho que todo formaba parte del trato, sus ojos, su tono, e incluso su proximidad, me gritaban otra cosa. Y, lo peor, era que parte de mí deseaba creer en ello.
Aquella mañana, el sonido de la alarma fue un alivio. Me levanté de la cama sintiéndome más cansada que cuando