Laura suspiró, resignada: —De todos modos, ya estoy casada, creas lo que quieras.
Mientras hablaba, tomó a Diego García del brazo para marcharse.
Elena Gómez, furiosa, agarró a Laura por el brazo y la detuvo, apuntando con el dedo a la nariz de Diego, espetándole: —¡Eres un vividor, engañas a mi hija, tendrás que resarcirla!
—Dos millones de pesos, ¿los quieres o no? —Diego ya no podía aguantar más, tomó a Laura y se marchó, ignorando los insultos de Elena a sus espaldas.
Laura se sintió avergo