Afrodita. Sí, ese era su nombre y no tuvo la intención de preguntarle a sus padres por qué escogieron llamarla así.
Joven, inocente y con el corazón lleno de sueños por terminar su carrera universitaria en New York, consigue un empleo que no le apetece, pero la paga le resulta interesante.
Afrodita deberá limpiar los tres despachos de los millonarios trillizos Portman, hombres que manejan una de las agencias de modelos más importante de la gran ciudad.
Ella será tan perfecta que dolerá...
Enton