Esa mañana la pareja se sentó a desayunar en la isla de la cocina. En silencio oían el cantar de los pájaros y la soledad de una pareja sin hijos pequeños.
Había música suave de fondo y nadie podria interrumpir aquel maravilloso momento, hasta que Will decidió hablarle a Avery.
—Ahora que estamos casados, deberíamos dormir en la misma habitación—espetó Will con cierta molestia.
Avery le dio un mordisco a su tostada con cierto resentimiento.
—No estoy lista.
—Deberías estarlo, eres mi esposa.
—Q