Cuando Violeta despertó a la mañana siguiente estaba envuelta en los cálidos brazos de su marido, él aún dormía y ella pudo tocar con sus manos su precioso rostro, era un hombre muy varonil, rastros de su barba ligeramente asomaban en su piel, ella tocó con la punta de su dedo índice su nariz, y también rozó sus labios gruesos, y rosados, sus pestañas eran muy largas, era tan atractivo, y hasta ese momento supo cuánto le gustaba, sonrió y dejó la cama para darse una ducha, Violeta pensó en lo m
J.D Anderson
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