Zoé suspiró al ver a su padre con los ojos abiertos. Habló poco, se movió lo menos posible debido al dolor en sus articulaciones, pero le dió una mirada llena del amor que tenía por su hija.
Qué ciego había sido al creer que su hijo lo ayudaría, que tonto se vió pensando que Gerard defendería a su hija cuando él no estuviera. Siempre lo creyó de esa forma, pero su venda se cayó cuando lo vio incluso con una sonrisa de regocijo en su rostro, cuando Zoé estaba siendo atacada.
Ella lo defendió i