Capítulo 32.
En el pasado yo jamás me hubiera atrevido a levantarle la voz a Nathan, no solo porque le tenía miedo como el hombre violento e inestable que es, también porque lo respetaba. Antes de todo esto creía que le debía algún tipo de “lealtad”, porque él había sido el único que me había ayudado de forma “desinteresada” al llegar a Nueva York, así que lo “respetaba”, y jamás me hubiera atrevido a gritarle o reclamarle por sus malos tratos, ya que creía que había sido afortunada de encontrar a alguien c