Capítulo 11.
Suelto un fuerte gemido de placer, sintiendo como el señor Conrrad levanta mi vestido hasta mis caderas, y comienza a pasar sus dedos por la parte interior de mis muslos, hasta llegar a ese lugar tan sensible, presionando mi ropa interior justo sobre mi sexo, haciéndome temblar del deseo.
—Estas tan húmeda en esta parte, como si me invitaras a hacerte mía —susurra él contra mis labios.
—¿Entonces que estas esperando? Deberías aceptar la invitación…
Escucho como el señor Conrrad vuelve a reír su