Los días transcurrían lentamente en la mansión, cada día que pasaba, Elena se sentía más dividida.
La mano férrea de Giovanni la apretaba, la sofocaba en cada aspecto de su vida, y aunque odiaba la sensación de estar atrapada, había algo en esos momentos que compartían en la intimidad que la hacía dudar.
Elena, en su cuarto, se miraba al espejo. Observaba su propio reflejo como si fuera el de una extraña. Sus dedos trazaban lentamente la línea de su cuello, recordando el toque áspero de su esp