No dejaba de temblar. Sin embargo, empezó a desabrocharse el vestido con manos temblorosas frente a la mirada dura de su esposo. El silencio entre ambos se llenó con el sonido del crepitar del fuego en la chimenea.
Mientras dejaba caer la tela al suelo, quedó expuesta ante él. Giovanni no apartaba la vista, su mirada recorriendo cada centímetro de su cuerpo con una intensidad que la hizo sentir vulnerable y deseada al mismo tiempo.
Sin darle tregua, Giovanni la empujó hacia la cama, haciéndola