Cuando llegaron a la mansión, el silencio entre ellos ya no pesaba como en otras ocasiones. Esta vez, la atmósfera era diferente. Elena se sentía más ligera, con la cabeza en alto, como si algo dentro de ella se hubiera liberado.
Giovanni caminaba a su lado, satisfecho y más intrigado que nunca. Había presenciado algo inesperado esa noche: su esposa, la Elena que siempre había sido reservada y prudente, había humillado a su madrastra y a su hermanastra con una frialdad y precisión que él nunca