El sonido de los tacones de Elena resonaba en el largo pasillo, una marcha acompasada que no lograba romper el gélido silencio que Giovanni imponía con su presencia.
Él caminaba unos pasos por delante, sin girarse siquiera para mirarla, guiándola con la indiferencia de quien lleva a un objeto consigo, algo que no merece ni una mirada.
Por más que Elena hubiera sido arreglada con meticulosa perfección, sabía que no era suficiente.
Nunca lo era. Nada de lo que hiciera lograba satisfacer a Giov