—Camille, abre la puerta —ordenó Jason, después de intentar abrir la puerta y descubrir que tenía seguro—. Por favor, quiero asegurarme de que estás bien.
—No puedo moverme —respondió ella con un nudo en la garganta—. Lo intento, pero es imposible.
—Inténtalo, preciosa, si no, tendré que romper la ventanilla y los cristales pueden herirte —Jason le habló con dulzura. Reconocía en los ojos de ella, lo mismo que sintió la primera vez que estuvo en una guerra con el Sindicato.
—No te vayas y me de