—Perderás tu trabajo, te aseguro que mañana no tendrás un empleo al que ir —amenazó él.
Ella levantó la mirada, tenía frente el edificio que guardaba entre sus paredes a su hijo. El cuerpo se le puso en tensión y le dieron deseos de gritar. ¿Qué mal había hecho que lo estaba pagando en ese momento? Se preguntó ella. Suspiró y dejó caer los hombros.
—Está bien, estaré en tu casa en breve —dijo sintiéndose obligada a aceptar.
Cuando llegó a la casa, Jason le dio un vestido, quería que ella lo usa