Capítulo 130: La verdad que nadie contó
La noche había sido larga. Silenciosa. Tensa.
Andrews me pidió que durmiera con él. Voz calmada, mirada preocupada. Pero no pude. No después de la llamada. No después de escuchar esa amenaza venenosa deslizarse de los labios de Janete como miel agria.
—Solo quiero protegerte —dijo, apoyando la barbilla en mi frente.
Pero proteger no siempre significa libertad. Fingí estar cansada. Fingí que dormiría mejor sola.
Y antes del amanecer, mientras la casa aún