CAPÍTULO 210 — Papá
El fin de semana llegó con una calma engañosa.
De esas calmas que, vistas desde afuera, parecían perfectas. La casa grande, silenciosa, el jardín moviéndose apenas con el viento de la tarde, la cuna de Luz junto a la ventana y el aroma a café recién hecho mezclándose con el perfume dulce del talco de bebé.
Pero adentro de esa casa nada estaba verdaderamente en calma.
Mía seguía tensando la cuerda cada vez que sentía que podía soltarse. Cristian caminaba con la sensac