(Clara)
El tiempo parecía agonizar entre mis heridas y el dolor que me provocaban. Perdí la cuenta de la cantidad de veces que me desmayé por mi baja presión. La debilidad que poseía mi cuerpo era rotunda. Lo primero que vi al despertar fue nuevamente el rostro de Carla. Ella traía un vaso de café y una tostada en la mano.
Se sentó cerca de mí, sabía que con las esposas puestas no podría intentar prácticamente nada para escapar y mucho menos con el sufrimiento que traía encima. El aroma del caf