22.
Había algo que no estaba bien.
No podía decir exactamente de qué se trataba, pero estaba completamente segura de eso.
Erick no le decía nada, pero era capaz de mirar la inquietud en sus ojos. De un momento a otro había parado las compras y se sentaron en una cafetería a descansar. Él estaba frente a ella con los brazos cruzados, sumergido en lo más profundo de sus pensamientos mientras él refunfuñaba cosas que ella no entendía y fruncía el ceño.
— ¿Recordarme incesantes veces que el rojo no es