Es la primera vez que puedo hablar con esta mujer sin que haya de por medio ningún truco, sin poderes, sin llantos fingidos para hacerme quedar como la villana. Y aun así, no puedo evitar ese escalofrío que me recorre el cuerpo al tenerla tan cerca.
—¿Quieres algo de tomar? —pregunta con aparente amabilidad.
—No es necesario, estoy bien —mi expresión sigue tan seria como siempre—. Eres buena fingiendo que no me detestas. Pero estamos solas, puedes ahorrarte la actuación.
Bob está cerca, a unos