Es demasiado fuerte para resistirme. Su cuerpo pesado me aplasta, y sus manos sujetan mis muñecas con tanta fuerza que el dolor comienza a punzar. Cole no parece razonar. Sus ojos oscuros, dilatados, me observan como si no me reconociera.
Su respiración agitada choca contra mi rostro, impregnada del olor acre a alcohol que me marea.
—Cole —lo llamo, intentando captar su atención—. Bájate de encima. Pesas mucho.
—¿Tienes algo que ver con ese artículo? —su voz suena rasposa y cargada de desconfia