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Termino de leer el diario y me quedo mirando a la nada, dudando hasta de mi propia existencia, con un nudo pesadísimo oprimiéndome el pecho.
Me pongo de pie y voy al tocador, revolviendo entre los cajones hasta encontrar un bolígrafo. Me siento frente al diario, dispuesta a armar todas las piezas, porque mi mente no deja de girar en círculos.
Primero: Cole y Zara se conocían desde la universidad. Pero el detalle importante aquí es que no fue Zara quien estuvo detrás de él —como todos creen—