Adhara lo apartó de un empujón y salió corriendo, esta vez Oliver no pudo darle alcance.
Llegó hasta su auto completamente agitada, sintiendo que acababa de correr una maratón, aunque únicamente había corrido unos pocos metros.
Encendió su auto con manos temblorosas sin dejar de mirar por su espejo retrovisor, temiendo que Oliver apareciera de la nada y la obligara a escuchar nuevamente su confesión.
No era así como se había imaginado esta visita al cementerio. Realmente esto no debió de h