Oliver fue dado de alta esa mañana. Su madre, Irina, estaba a su lado, cuidándolo con melosería.
—Ten cuidado —indicaba la mujer, mientras se coloca de pie.
—Ya estoy bien, mamá —trató de tranquilizarla.
—No, no lo estás —contradijo ella con una mirada suave—. Estuviste al borde de la muerte y estoy… muy preocupada, cariño. Por favor, ¿prométeme que tendrás más cuidado la próxima vez?
—¿Cuidado con qué? —preguntó sin saber muy bien a qué se refería. Hasta el momento las causas de su intoxica