—¡Una sonrisa! —ordenó una voz masculina con un ligero timbre afeminado—. ¡Bien! ¡Bien! —la felicitó—. Ahora una mirada voraz, atrevida. ¡Eso!
El flash de la cámara cegó momentáneamente a Anastasia, quien se sentía harta de esta sección de fotos en particular.
—¿Hemos terminado? —preguntó obstinada.
—No, nada de eso, niña. ¡Ve a cambiarte, necesitamos empezar con la otra campaña!
Los pasos de Anastasia se dirigieron hacia el vestuario de muy malhumor. Sus últimos días habían sido insoportabl