Decir que las cosas eran extrañas era quedarse corta. Adhara no lograba sentirse a gusto desde que comenzó toda esta locura con Oliver.
Los días pasaban y la invasiva presencia del hombre era cada vez más insistente, eso sin contar, con las desagradables puyas que lanzaba su madre cada vez que tenía oportunidad.
Irina Volkov no se tomó nada bien la reconciliación del matrimonio.
En el mismo instante en que se enteró rompió en cólera, lanzando un par de jarrones de incalculable valor en la sal