Luego de esa noche las cosas comenzaron a cambiar. Adhara se encontró atrapada en una situación que hubiera preferido evitar.
Oliver Volkov había decidido conseguir su perdón o, mejor dicho, el de Adriana.
Todas las mañanas la esperaba para llevarla al trabajo, el silencio en el auto era ensordecedor. Adhara se limitaba a ver por la ventana como si el recorrido de las conocidas calles fuera lo suficientemente cautivante o como si hubiera variado siquiera un poco en cuestión de un día.
—¿