101. El Niño Encadenado
—Sácanos de aquí —la voz de Valdimir se hizo escuchar en la habitación, con su tono grave y autoritario cortando el aire como un cuchillo afilado. Sus ojos, ahora parecían dos brasas ardientes, fijos en Aelina con una intensidad que hablaba de una furia que apenas él podía contener.
—Cuando regresemos a nuestra realidad, te castigaré como nunca, y dudo mucho que esta vez gimas de placer involuntario —declaró, con cada palabra siendo una amenaza indiscutible. La forma en que sus músculos se tensa