Cuando Piama salió de medirse el vestido, se quedó perpleja al saber que Alba no estaba ahí.
—¿A dónde ha ido?
—No sé, solo se marchó.
«¡Maldita loca! Pero, seguro de que puedo aprovechar esto»
—Bien empaque los dos vestidos, los pagaré.
La mujer obedeció, Piama tomó los paquetes y le pidió al chofer que la llevara hasta donde estaba Evan Santori.
Él revisaba la cosecha, verificando que todo estuviera en orden, que cada trabajador hiciera lo que le correspondía.
Pronto vio el coche aparca