Los policías entraron, Jorge y Diego fueron con ellos, les mostraron el video.
—Como pueden ver, esta mujer envió a secuestrar a mi hija, e inventó una mentira cruel diciendo que mi bebé nació muerta. Esto es obra de ella, Enrique Santalla y Mónica Santalla, deben detenerlos —sentenció Jorge con rencor.
Asustada, Silvia cayó de rodillas ante su esposo.
—¡Jerónimo, por favor, ayúdame!
Ella intentó abrazar sus piernas, pero el hombre se alejó.
—¡No me toques! —exclamó Jerónimo, su mirada era rabio