—Lo siento, Augusto…
Èl sonrió.
—No te preocupes, yo entiendo, ¿Quién gritaba tu nombre??
Ella negó.
—Nadie…
—No me mientas, déjame ayudarte, sé que no nos conocemos, pero, me recuerdas a mi madre.
Mariza frunció el ceño
—¿A tu madre?
—Ella también fue madre soltera —dijo
Mariza pensó en sus palabras.
—Tu madre debió ser muy buena.
Èl sonrió, asintió, pero mintió.
Mariza recibió una llamada.
—Hola.
—Señora Mariza, hemos conseguido un nuevo video de la cámara de seguridad, ¿puede volver a la cafe