—¡¿Qué demonios significa esto, Enrique?! —exclamó Silvia.
Enrique fue a su alcoba, pero su madre lo persiguió.
—¡Explícame! ¿Qué demonios hacías besando a Amaranta?
—¡¿De verdad quieres saberlo?! Bueno, pues amo a Amaranta, la adoro, y si pudiera me casaría ahora mismo con ella, y no soporto la idea de verla con otro.
Silvia le mirò con estupor, abofeteó su rostro.
—¡¿Qué demonios dices?! Ella se crio contigo, casi como una hermana, si tu padre supiera eso, te dejaría sin dinero.
—¡¿Y qué me i