Al da siguiente.
Jorge estaba con su padre; Jerónimo lucía tan triste.
—¿Y cumplirá su amenaza? ¿Crees que sea capaz de vender la empresa a nuestros enemigos?
Jorge no supo qué responder.
—Es mi culpa por confiar en Enrique. Mira lo que hizo, casi perder nuestra empresa. ¿Y Amaranta… una decepción?
—No lo es, Amaranta fue enamorada por tu hijo, tal vez ella ya no es una niña, pero, para Enrique, sì, además, èl la engañó, la secuestró, le hizo creer que no se casó, ¿para qué? Para no perder la h