Jorge no soportó más, y entró en esa sala.
—Basta de tonterías, quiero saberlo todo, ¿nos vas a robar la empresa? ¿La entregarás a los enemigos?
Los ojos de Diego destilaban odio; sonrió burlón.
—Todo depende de Amaranta. Si ella vuelve a mí, les devolveré la empresa; si no lo hace, entonces venderé las acciones a la competencia.
Jorge le mirò con rabia, se le puso frente a frente, haz lo que quieras con la empresa, olvídate de Amaranta para siempre.
Jorge salió de ahí. Estaba enfurecido y Enr