Luca sintió que su respiración se volvía un tormento, se acercò a ella, casi tocaba su cara, pero apartó su mano.
—¿Por qué? ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué escapaste así?
Catalina lloraba sin control.
—Porque…
—¡¿Por qué?!
—¡Porque tenía vergüenza, lo siento! Tenía miedo, porque ella dijo que, si lo decía, contaría mentiras y nunca me creería nadie.
Ella cubrió su rostro con sus manos, sollozando sin control.
Luca se apartó un segundo.
—Yo te hubiese creído, y me hubieras ahorrado tanto dol