Mariza se levantó de la camilla, le habían dado el alta, solo quería ir a casa, al salir encontró a ese hombre.
—¿Puedo llevarte a casa?
—Lo siento, yo no te conozco, y…
El hombre sonrió.
—Soy tu vecino, hace poco, acabo de rentar el departamento al lado tuyo.
Ella se quedó sorprendida, no conocía a ese hombre.
—Bueno, vamos a donde mismo.
Augusto sonrió, ambos caminaron a la salida.
—Toma mi mano, Mariza, estás débil, no quiero que nada malo te pase.
Ella dudó, tomó su mano.
Pronto llegaron a s