Enrique mirò sus ojos. Esbozó una ligera sonrisa.
Ella no entendía lo que él hacía ahí, se levantó y mirò alrededor.
—¿Qué me pasó?
De pronto, lanzó un grito al recordarlo todo.
—¡Nos han secuestrado! —exclamó
Amaranta casi salía corriendo, pero èl la detuvo.
—No. Yo te he traído aquí.
Los ojos de Amaranta le miraron incrédula.
—¿Qué? ¿De qué me estás hablando?
Enrique la estrechó en sus brazos.
—Amaranta, ¡no iba a dejar que te casarás con otro! Yo te amo, ya te lo dije.
—¡¿Qué?! Pero… ¿Y Móni