Mónica miró al hombre con temor, pensó en que podía retractarse, sus manos temblaban.
—Señor Enrique Santalla, ¿Acepta como esposa a la señorita Mónica Flores para amarla, cuidarla y respetarla por todos los días de su vida?
Enrique volvió al ahora.
—Sí… acepto —dijo inseguro.
Mónica sonriò.
«Al fin tengo el apellido Santalla», pensó
—Señorita Mónica Flores, ¿Acepta como esposo al señor Jorge Santalla para amarlo, cuidarlo y respetarlo por todos los días de su vida?
—Acepto —dijo de inmediato.