Al día siguiente.
Mariza abrió los ojos, a la luz del día los recuerdos de anoche se volvieron un poco bochornosos, pero ya no le importaba.
«Dijo que me amaba. No solo lo dijo, lo demostró, pero… nada de peros, ¿no puedo tener yo un amor real?», pensó
Acarició el rostro de Jorge, estaba sobre la cama, medio cubierto, medio desnudo, en una imagen sensual y encantadora.
Abrió los ojos castaños, sonriò al ver a su mujer frente a èl.
—¿Cómo estás?
Ella sonriò.
—Estoy bien.
Su mano grande acaric