En la comisaría.
Mia detuvo su llanto, se acercó a un guardia.
—Necesito hacer una llamada.
—Ahora no, señora.
—¡Exigió ver a un abogado!
El guardia recapacitó, la dejó ir a los teléfonos.
Mia llamó a sus tíos, pero, ninguno respondió, estaba nerviosa, no tenìa a nadie más. Con sus padrinos de viaje, solo quedaba el abuelo, pero no podía llamarlo.
Decidió llamar a Luca.
Luca estaba con Helena, quien curaba su resaca.
Helena respondió.
—Hola.
—Necesito hablar con Luca, urgente, habla Mia Estévez.