Mariza estaba recostada, las luces apagadas y solo una tenue luz se colaba por la ventana, cuando escuchó que su teléfono móvil vibró.
Se levantó y lo tomó, cuando leyó el mensaje sintió que la sangre se fue a los pies, sus ojos se volvieron llorosos.
«¡Qué estúpida! ¿Por qué pensé que no pasaba nada entre ellos? Claro que pasa, claro que son amantes, a él ni le ha importado que ella sea una… ¡Basuras los dos! Les odio, no puedo seguir en esto, debo hacer un plan, no voy a terminar en un matrimo