Me quedo de pie en el muelle donde la lancha se detuvo. Frente a mí, hay una casa de buen tamaño, a un lado diviso otra más pequeña. Alrededor veo la vegetación que hace la casa casi invisible al ojo humano, a menos que este a cierta distancia.
Es en toda regla una casa para vacacionar. Desde los grandes ventanales hasta las barandillas de cristal del piso superior. Me quito los zapatos y sigo a Cillian de cerca.
Lo que me tiene al borde de un ataque de histeria es que estemos solos en medio de