Convencer a Becca que se quedara a descansar fue una tarea titánica.
Tanto así que decidimos poner a unos de los hombres en la puerta de su habitación.
Me remuevo cuando el sol de la mañana se filtra por las cortinas de la habitación y una sonrisa se extiende por mis labios cundo siento los besos húmedos que Ares deja sobre mi vientre y sus manos se posan en mis muslos abriéndome para él.
Lo miro aún soñolienta.
—Buenos días para mí —susurro cuando su boca cae entre mis piernas y me come con ve