Madeline abrió la gran puerta de vidrio y una brisa helada la golpeó, agitando su larga cabellera.
Miró hacia el océano interminable y el sol dorado, que brillaba justo en la superficie. Al pasar el viento, se formaron olas en el océano. Las ramas de las palmeras de al lado, empezaron a ondear, también.
‘Qué paisaje tan bonito’.
‘¿Pero, en dónde estoy?’.
Madeline se puso a pensar, tratando de recordar si había estado en ese lugar antes, pero no se le ocurrió nada.
Entonces, Jeremy volvió.