Cuando mirabas desde uno de los lados de las ventanas transparentes que se encontraban en la oficina, se veía una gran ribera.
El otro lado permitía, a los que estaban en la oficina, supervisar cada centímetro de la ciudad, desde arriba. Era un gran lugar para una oficina, y desde luego no era un lugar que personas como Tom, Dick o Harry pudieran poseer, aún si lo desear.
A ella una vez le habían quitado el derecho a visitar este lugar.
Ese fue su marido; y aunque a ella nunca le permitió e